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Hace diez años que el mundo cambió. Para ser precisos tan solo cambió el 1% de la población, el resto fué obligado a aceptarlo.

Los primeros síntomas aparecieron el 12 de Enero de 2010. Alrededor del mundo, personas de todo tipo comenzaron a experimentar síntomas similares a los de la gripe común: nauseas, dolores de cabeza y musculares y fiebre. Muchos aún recuerdan estos días, que posteriormente se conocerían como Evento de Mutación Súbita (EMS), con ansiedad y pavor.

Los pacientes inundaban las salas de emergencía de los hospitales. En los medios de comunicación cundía el pánico advirtiendo de una pandemia resistente a cualquier tratamiento farmacológico, aunque no se pudo relacionar ninguna muerte con la enfermedad. Los síntomas aparecian en personas de cualquier edad y grupo demográfico. Científicos encontraron material genético previamente desconocido en las muestras de sangre de los pacientes sometidos a examen.

En el punto más álgido de la histeria pre-EMS, apenas 1 de cada 200 personas en el mundo industrializado presentaron síntomas. En los paises en vías de desarrollo las tasas de infección eran aún menores, entre un 30 y un 45% menos.

Once días tras la aparición de la enfermedad, el 23 de Enero, todos los síntomas desaparecieron casi al mismo tiempo en todo el mundo. Este hecho no hizo más que alimentar la paranoia y la preocupación de la población mundial. ¿Había sido un ataque biológico? ¿El resultado de un accidente industrial no anunciado? ¿Señales apocalípticas del fín de los tiempos?

La misteriosa enfermedad fué conocida entonces como “gripe fantasma”, debido a su repentina desaparición y la ausencia de secuelas.

Meses más tarde comenzaron a manifestarse los primeros poderes mutantes entre la población mundial. Todos los afectados tenían algo en común, haber pasado la “gripe fantasma”.

Los miedos y esperanzas de la humanidad, junto a la histeria, conmocionaron el mundo de una manera jamás vista antes. Tras el Evento siguieron años de cambio social, protestas, confrontaciones y manifestaciones en pro y en contra de esta nueva “raza”. Desde entonces muchos más individuos han mostrado el “gen mutante”, incluso personas que jamás fueron afectadas por la “gripe fantasma”.

Cuando los departamentos de policía mundiales comenzaron a enfrentarse con “super criminales”, vieron la necesidad de combatir el fuego con el fuego. Se reclutaron oficiales tácticos con las habilidades especiales necesarias para detenerlos.

La Ley Criminal ha cambiado inevitablemente adaptándose al EMS. La existencia probada de poderes capaces de alterar la mente humana ha sido uno de los asuntos más peliagudos en esta nueva sociedad. Los estatutos de privacidad actuales consideran un delito leer la mente de otra persona sin su consentimiento, aunque también autorizan a la “policía psíquica” el derecho a investigar los pensamientos de los sospechosos, siempre que puedan alegar pruebas y causa. Un pequeño grupo de poderes como la proyección de radiación, son considerados inherentemente peligrosos y exige a sus poseedores constar en un registro gubernamental.

Los especiales prejuicios contra la nueva “comunidad mutante” (o “aumentados”, como son denominados social y científicamente), fueron patentes incluso en las fuerzas de la ley. Era casi imposible que un mutante pudiese aspirar a un puesto de responsabilidad o poder dentro de los departamentos de policía, hasta hace 5 años, cuando en respuesta a la presión judicial y legislativa, se formó un nuevo departamento.

Había nacido la Unidad de Investigación de Crimenes Aumentados (UICA).

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